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lunes, 16 de octubre de 2017

La duda ofende

¿Cómo no ofender, si la duda es el motor de mi vida,
si mi pasado no es más que una foto movida,
y mi futuro está escrito sobre una línea torcida?

domingo, 26 de marzo de 2017

No te conformes

Seguramente tengas sueños en esta vida. 

Quieres la pareja de tus sueños, que sea buena contigo, apuesta y que compartáis cosas.

Quieres la casa de tus sueños, espaciosa, decorada a tu gusto, y con vistas al mar.

Quieres el trabajo de tus sueños, que te llene, que te haga sentir útil y que no te canse.

Quieres viajar a lugares exóticos, que te hagan sentir cosas nuevas y llenarte la cabeza de ideas.

Pero seguramente esto no sea así.

Quizás te conformes con la primera persona que te dé un poco de cariño, a pesar de ser tóxica.

Quizás vivas en un piso en el extrarradio, ahogado por la hipoteca.

Quizás no te guste tu trabajo, pero debes hacerlo si quieres comer.

Quizás no salgas de tu pueblo nunca, porque el escoso tiempo que tienes lo dedicas en dormir. 

No te conformes con menos de lo que te mereces. No te conformes con el primer tren que salga de la estación. Todos nos hablan de viajar en tren, pero nadie nos habla de ese trayecto que tenemos que hacer andando. Tenemos dos pies que pueden llevarnos, con tiempo, al fin del mundo. 

Querido lector, si sueñas algo, lucha por hacerlo realidad. 

martes, 17 de enero de 2017

¿No os pesan los hombros con tantas etiquetas?

Inconformista. Frustrado. Imaginativo. Frío. Irreverente. Confiable. Pesado. Inseguro. Cínico. Hablador. Insolente. Artista. Rebelde. Obsesivo. Desviado. Soñador. Atractivo. Estúpido. Impulsivo. Educado. Veleta. Interesante. Desconfiado. Divertido. Inconstante...

Podríamos pasar páginas y páginas con todas aquellas cosas que somos o suponen que somos. 

¿No os pesan los hombros con tantas etiquetas?

sábado, 10 de diciembre de 2016

Las personas son...frutas.

Ayer, en una de mis frecuentes borracheras filosóficas, comparaba a las personas con frutas. Sí, sé que suena un poco extraño y triste al mismo tiempo, pero considero que es un hilo de pensamiento lo suficientemente interesante como para traerlo a esta pequeña parcela de mi mundo a desarrollarlo. 

Por un lado vamos a ir a la conclusión fácil que podemos sacar tanto de la fruta como de las personas: las apariencias engañan. ¿Nunca os habéis comido un plátano que parecía pocho y cuando habéis superado la desconfianza inicial y os lo habéis comido estaba delicioso? ¿nunca habéis cogido una manzana a simple vista espléndida y luego por dentro estaba podrida? Pues con las personas es exactamente lo mismo: el exterior no nos suele aportar información real sobre lo que ocurre en el interior (aunque si eres lo bastante observador sí que nos puede dar muchas pistas, ojo que no es ahí a donde pretendo llegar). Y como con la fruta, el interior pesa más que el exterior. ¿Para qué quieres una manzana que no puedes comerte, por muy bonita que pueda ser? ¿a caso vas a exponerla en un museo? 

Por un lado completamente diferente, las personalidades de las personas también pueden ser comparadas con los sabores de las frutas. Tenemos personas-limón, con una personalidad fuerte y llamativa, pero que no siempre gusta, personas-manzana, con una personalidad no demasiado fuerte pero dulce que suele agradar en general, pero que también pueden resultar ácidas y a veces incluso venenosas, personas-pera, con un sabor tenue pero no demasiado fuerte... Sea como sea, es imposible que te gusten todas las personas-fruta, y del mismo modo, es casi imposible que no te guste ninguna. 

De este rollo persona-fruta podemos sacar la conclusión de que siempre hay un roto para un descosido. Es imposible gustarle a todo el mundo, pero es igualmente complicado no gustarle absolutamente a nadie. Las personas son un conjunto infinito de gustos combinados. Siempre serás el sabor favorito de alguien, lo sepas o no, lo conozcas o no. 

Las personas comparten con la fruta varias cualidades más, además de las apariencias y el sabor. Aquí por ejemplo podemos ver que ambos ejemplares maduramos. Y aquí, en este dicho tan antiguo, no quiero entretenerme mucho más que para decir que más que madurar, envejecemos (tanto la fruta como las personas), y con ello nuestro modo de ver la vida y de interactuar con el mundo. Podríamos decir entonces que más que madurar, sería más apropiado decir que envejecemos, o si lo queréis menos deprimente, que evolucionamos con el paso del tiempo. Y esto es importante: las mandarinas no maduran en dos horas: es necesario que el tiempo haga su efecto. Nunca pienses que puedes cambiar en dos días, ni que alguien ajeno a ti puede hacerlo. Si la biología nos ha enseñado algo es que la evolución (aunque siempre presente) es un agente que se toma su tiempo para actuar. No confíes en los cambios rápidos, ya que no son de verdad. 

Otra de las cualidades que las personas comparten con la fruta es por ejemplo la infancia. Sí, damas y caballeros, las frutas y las personas comparten una infancia muy parecida: durante los primeros tiempos de nuestras vidas nos las pasamos atados al árbol que nos dio la vida, y de ahí obtenemos muchas de las cualidades que determinarán nuestra vida y nuestro sabor, pero no es definitivo. Somos lo que somos no solamente por lo que nos hicieron ser, sino por los insectos con los que hemos tratado, la manera en la que nos han tratado, las veces que nos hemos caído y las aventuras que hemos vivido. Nuestro sabor, al igual que el de las frutas, es el resultado de cientos de miles de pequeños momentos. 

Somos lo que somos porque hemos sido lo que hemos sido, hacemos lo que hacemos, decidimos lo que decidimos y tratamos con quien tratamos. Somos lo que somos al igual que una naranja es una naranja y no una sandía: podemos cambiar nuestro sabor y nuestro aspecto, pero por mucha evolución, envejecimiento y maduración que tengamos, nunca podremos escapar de lo que somos. Y tenemos que vivir con ello. 

jueves, 20 de octubre de 2016

Estoy cansado.

Hoy es uno de esos días en los que estoy cansado. No un cansado físico, ni un cansado psicológico que viene derivado con alguno de mis frecuentes picos bajos de ánimo. Simplemente cansado de ciertas personas, cosas y situaciones concretas. 

Viene aquí el hecho de que siempre sea yo el que dice de verme con ciertos amigos, el que acompaña y pregunta '¿has llegado bien?', el que siempre busca un hueco. A veces me siento como una especie de amigo-tienda de chinos que sinceramente no pienso que sea sano. Estoy harto de ello, de que -por norma general- siempre me dé más a los demás de lo que los demás se dan por mi. Es una situación que te termina consumiendo. 

Y lo peor es que estas cosas son fuertemente infravaloradas. Ya no hablando de mi situación particular, sino hablando en abierto, en general. No considero que se valore lo que se deba que alguien esté ahí para ti, que se preocupe de lo que pueda pasarte y que juegue al tetris con sus planes y compromisis por tal de poder veros. Es un esfuerzo que en la mayoría de las ocasiones cae en saco roto. 

Es triste ver eso, como algo tan básico es deliberadamente ignorado para darle sin embargo importancia a asuntos más superfluos. Las prioridades humanas nunca me han parecido en absoluto lógicas. Y aquí me podría explayar párrafos y párrafos, pero sinceramente: estoy cansado. 

domingo, 16 de octubre de 2016

Transporte público.

Cuando viajo en autobús se me va la cabeza. Me resulta especialmente fácil abstraerme mirando con la ventanilla, acunado por los movimientos del vehículo. Tengo que decir que nunca me aburro en los viajes, casi nunca se me hacen tediosos y realmente llego a disfrutar en estos trayectos. Cuando el paisaje comienza a hacerse monótono, me dedico a mirar a hurtadillas al resto de los pasajeros, y aquí invento historias. No del todo fantasiosas, sino historias corrientes y con un toque intranscendental, del estilo "esa chica de las gafas dos filas más adelante estudia medicina y desearía dejar su carrera, pero no lo hace por la presión familiar".

Es curioso como estas cosas no les importan a casi nadie. Es decir, todo el mundo valora una cabeza dotada para las matemáticas, pero... ¿a quien le importa que nuca te aburras en los transportes públicos, que seas capaz de replegarte hacia dentro como si fueras una chaqueta reversible? A nadie. 

No quiero decir con esto que las personas con mundo interior sean mejor que las dotadas para las artes numéricas. Simplemente que tampoco es algo que debería considerarse como peor. Desde mi punto de vista la capacidad de inventar, de ser capaz de generar cosas que no existen en tu cabeza, es ya en si misma un tipo de inteligencia. Tal vez no con la utilidad practica que tienen los números, pero creo que las personas con mundo interior hacen el mundo un poquito más bonito. 

martes, 4 de octubre de 2016

La ilusión es una perra.

La ilusión es una perra. Así de simple y contundente. Estoy seguro de que a lo largo de los siglos ha roto millares de corazones. Nadie es inmune a ella. Todos esperamos algo. Todos nos llevamos ostias continuamente. Supongo que es algo relacionado con la naturaleza humana, eso de esperar cosas continuamente y después ver que la mayor parte no se cumplen, o no resultan como queríamos en nuestra vida imaginaria. Todos sabemos de qué estoy hablando, pero aún así, he aquí algunos ejemplos. 

Esa persona que esperaste. Y no llegó. 

Esa situación que anhelabas. Y nunca ocurrió. 

Ese beso que quisiste dar. Y se quedó en tus labios. 

Aquello que querías hacer. Y nunca se te ofreció. 

Todas las horas que invertiste en un proyecto. Para estrellarte estrepitosamente. 

Aquella meta que quedó demasiado lejos. 

Aquellas palabras que tanto necesitas y nunca te dijeron. 

Esas décimas que cambiaron el rumbo de tu vida. 

El golpe que nunca devolviste. 

La caricia que jamás te dieron. 

El país que nunca visitaste. 

El cigarrillo que no fumaste.

La oportunidad que no conseguiste. 

El amigo que se marchó. 

Los seres queridos que se fueron. 

Las mascotas que enterraste. 

La gente que querías y después de romperte violentamente el corazón te robaron un trocito. 

Querido lector, de ilusiones no se vive. 
Se vive y punto. 

viernes, 9 de septiembre de 2016

Malabares.

Últimamente me siento como si no dejara de hacer malabares continuamente. Voy corriendo de arriba abajo mientras que manejo lo mejor que puedo multitud de situaciones, muchas de ellas tan frágiles que un fallo podría impedir volver a introducirlas al juego. 

Es un tanto agobiante el lidiar con tantas cosas al mismo tiempo, con la certeza de que en cuanto pares de correr, vas a perder el impulso y todo se va a desmoronar como si fuera un castillo hecho con cartas de póker. 

No es fácil encontrar estabilidad en ninguno de los ámbitos de nuestras vidas, pero en este momento no sé decir ninguna esquina de mi vida que se encuentre sólido y en orden. Me siento incluso más caótico de lo habitual, dando bandazos impropios de mi, más desmotivado de lo que corresponde. 

Es triste mantener el juego circulando cuando has sido capaz de predecir donde termina cayendo cada pelota del circo de tu vida.

lunes, 11 de julio de 2016

Todos corremos por algo.

Siempre corriendo. A la parada de autobús. Al punto de encuentro. A cualquier lugar, en cualquier momento. Corriendo para que no se nos adelante nadie, corriendo para llegar en primer lugar. Porque siempre tenemos que ser los primeros. En todo. No se te ocurra pensar por un solo instante lo contrario. 

Aprieta el paso. Más rápido. Hasta que duela. No pares. Pararse suele ser sinónimo de pensar. Y el pensamiento da lugar a que te replantees las cosas. 

Tal vez, si te paras, si no corres, te des cuenta de que no quieres llegar allí a donde te están llevando tus pasos en este preciso momento. 

Quizás, si te paras, no quieras correr más. 

domingo, 13 de diciembre de 2015

Expectativas

Ocasionalmente se espera demasiado de nosotros. Nuestros padres pretenden que no les mintamos, que seamos buenos -y ligeramente beatos-, y que nos comamos las lentejas sin rechistar. Nuestros profesores esperan que aprobemos, que hagamos esa cantidad inhumana de deberes, que quememos nuestras horas delante de libros y apuntes remarcados por subrayadores fluorescentes. Nuestros amigos esperan disponibilidad horaria, como si fuéramos una hamburguesería abierta veinticuatro horas para pernoctadores. Todos esperan algo de nosotros, nos conozcan, o no. 

Se nos exige tomar el rumbo hacia la perfección, y se espera que nosotros mismos deseemos, anhelemos eso. Que nosotros saquemos uñas y dientes, que quememos nuestras pestañas, que estrujemos nuestros cuerpos y que actuemos acorde a ese guión, en el que por supuesto no hemos puesto ninguna tilde. Por que nos dicen que tenemos que ser los actores de nuestra propia vida, pero no los guionistas. 

Se espera que vayamos a la universidad, que nos obsesionemos con nuestros cuerpos y los llevemos límites insalubres, que apechuguemos con lo que nos dan, que nos resignemos, que aguantemos. 

Se espera tanto de nosotros, se nos exige tanto, nos piden tanto, que olvidamos mirar dentro en lugar de fuera para encontrar lo que queremos de verdad, lo que realmente es correcto, lo que es bueno para nosotros, lo que nos hará libres, felices en este frenesí disparatado que es la vida. 

Es hora de cortar los hilos.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Mitos.

Se caen los mitos como si de estrellas se trataran.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Incoherencias

Llevo unos días especialmente raros. No puedo seguir la línea de mis pensamientos, y eso es, cuanto menos, raro. Es como cuando estás viendo la tele o leyendo un libro pero realmente no lo estás haciendo, si no que estás distraído con otra cosa. En este caso es al revés, a veces estoy haciendo algo y de pronto me doy cuenta de que estoy pensado en algo. 

Mi actividad mental roza lo frenético. Pienso en mis historias, reales e imaginarias, en las obligaciones, en lo que hago y en lo que no. Todo a la vez, de manera compleja y simultánea. Creo que tengo la cabeza tan desordenada como mi cuarto en estos momentos. 

Estos días tengo ganas de llorar que duran el nanosegundo que dura el recuerdo. Es desagradable encontrarse a gente entre una lista de reproducción, pero es aún peor cuando esa lista de reproducción se emite en ti mismo. 

Escribiendo estas palabras después de mi calórica cena, me doy cuenta de que no tienen sentido ninguno, y que tal vez debería dormir un rato, o al menos dejar la vida durante unos instantes. 

¿Alguien ha visto mi cabeza?

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Las cosas que nunca pasaron.

A veces reflexiono sobre las cosas que no han sucedido en mi vida. Cualquiera puede pensar en las cosas que sí han pasado, por que efectivamente, esas cosas han sido transcendentales, y no requiere ningún tipo de esfuerzo invocarlas en nuestra cabeza. 

Pero pensar en las cosas que no han pasado, requiere un esfuerzo mayor, y una dosis de imaginación, y en cierta medida de frialdad. Hay tantas cosas que no ocurren en nuestras vidas... que son casi demasiadas como para poder plantearnos siquiera la posibilidad de poder reflexionar sobre ellas. Pero hay muchos casos en los que es posible plantearnos que hubiera pasado en ese mundo ficticio. O al menos nos damos cuenta de lo cerca que hemos estado de la felicidad o del horror. 

Es sobre todo el tema de los amores que no he tenido el que roba el foco cuando mi desordenada cabecita piensa en cosas que no han ocurrido, por que bueno, efectivamente hay muchos hilos en esta parcela. Y lo sorprendente es que me alegro enormemente de muchos de los fracasos sentimentales que en su día me escocieron como colonia en los ojos. 

¡De lo que me he librado en muchas ocasiones! 

Tal vez el tiempo no lo cure todo, pero te da perspectiva para mirar las cosas malas, y verlas un poco más buenas. Por que no todo lo malo es malo realmente. A veces algo malo es lo mejor que puede pasarnos en la vida. 

Y entro aquí en el tema de haber suspendido matemáticas, no hacer selectividad, haber tenido que estudiar en verano, y no ir a la universidad. 

En su momento fue uno de los golpes más duros de mi vida. 

Me desmoroné como un castillo de arena. 

Pero ahora, a una semana de selectividad, ya más relajado, menos roto y con la cabeza un poco más fría, creo que eso que en su momento fue un mundo ahora no es tan malo. Es cierto que no iré a la universidad este año, pero al menos tengo la posibilidad de ir el curso que viene, y de utilizar este periodo para dedicarlo exclusivamente a mi, cosa que no he podido hacer anteriormente. 

Y al final parece ser cierto eso que dicen de que hasta las cosas malas tienen su lado bueno.

Y es que la realidad, como la luna, las monedas y las personas, rara vez tiene una única cara. 

jueves, 3 de septiembre de 2015

La vida es sueño.

Una persona mucho más sabia que yo dijo en una ocasión que la vida es sueño. Pero yo digo que la vida es incertidumbre. Es no saber que pasará después, si te llamará, si te tocará la lotería. Es no saber si están en el ajo, si hay vida tras los últimos átomos de oxígeno, o si hay vida tras la muerte, como si efectivamente la existencia fuera sueño.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

La incertidumbre de septiembre.

A mis pies, kilómetros de abismo que se adentran en las entrañas candentes de la tierra. Al otro lado, a una distancia respetable, un valle yermo. No es aquel lugar más allá de la separación al que aspiraba llegar, pero sin duda es infinitamente mejor que la caída al vacío nebuloso. Sé que no he cogido la carrerilla apropiada, y que mi mayor impulso proviene de los últimos metros del borde. 

¿Tengo suficiente impulso para llegar al otro lado? Sin duda no. ¿Habrá una mano amiga en el otro lado que me ayude a cruzar? Todas las esperanzas de no caer se centran en esta posibilidad. 

Una vez más yo y la incertidumbre de septiembre. 

Una vez más yo y el abismo.

martes, 16 de junio de 2015

Necesidades vacuas.

Y su 'Yo nunca lloro' se le quedó pequeño. Aquellos días a penas quería hacer otra cosa. Fuera por el motivo que fuera, notaba constantemente como las fuerzas le flaqueaban y las ganas de llorar afloraban en él. En cierto modo le avergonzaba admitirlo, pero por otra parte le aterrorizaba: Pasaba de un extremo sentimental al otro en cuestión de momentos. Era inestable.

Aquellos días dormía mucho, tal vez demasiado. Pero nunca por las noches. Hay cosas que no pueden cambiarse: Nunca podía dormir en aquellos momentos, cuando su mente bullía más que en cualquier otro momento del día.

Fue difícil admitir que su vida era una farsa, que todo aquello que hacía no le pertenecía. Aquellos momentos no eran suyos. En absoluto. Pero sentía la desgarradora necesidad en el pecho de que sí que lo fueran. Necesitaba vivirlos como verídicos. Lo necesitaba. No quería anda más en el mundo.

Era lo que más deseaba. Habría hecho todo y más por tal de vivir de verdad. Pero lo descubrió tarde.

martes, 14 de abril de 2015

El perdón.

El perdón es el rasgo común entre los idiotas y los sabios.

lunes, 27 de octubre de 2014

Crecer.

Crecemos. Las plantas surgen de la tierra con la esperanza de arañar el cielo. Los conejos salen de su madriguera con la esperanza de no ser cazados. Los pájaros salen de sus nidos con la esperanza de encontrar el sur.

Inevitablemente crecemos. Y cuando lo hacemos, nos damos cuenta de lo inalcanzable que es el cielo, de que la vida es cazar o ser cazado, y que tristemente el norte se tiene que imponer sobre el sur.

Crecemos. Arrancamos conocimientos de hojas marchitas por el uso, robamos rayos al sol y polvo a las estrellas. Crecemos, interior y exteriormente. Vamos haciéndonos cada vez más fuertes, más hábiles y más desenvueltos.

Pero lamentablemente, todo esto no vale de nada. Siempre preferiremos el suave velo de la infancia, la inocente ignorancia de los cachorros y la calidez del nido en los días de lluvia. Preferiremos no tener que ser ni norte ni sur, simplemente ecuador. Preferiremos no tener miedo a ser cazados.

Todos, en mayor o menos medida soñamos con ser Peter Pan y no crecer, que las cosas no cambien, que todo se reduzca a la atemporalidad de los niños. Que no nos tengan que extraer las sonrisas por cirugía ni el entusiasmo con golpes.

La nostalgia pica fuerte cuando las fuerzas se esfuman con la rapidez del vaho en invierno.

domingo, 12 de octubre de 2014

Yo y la curiosidad.

Tengo que admitirlo; la curiosidad es mi talón de Aquiles. Necesito saber las cosas, y una vez que consiguen romper la carcasa de mi curiosidad, que en ocasiones es demasiado fácil de picar, no puedo parar hasta que descubro la solución.

Me puede. Es superior a mi el querer saber algo y no poder. Y para que mentiros, pero creo que es maravilloso. Vale que en las mayorías de las ocasiones es una putada el querer una respuesta y que te la nieguen, o que las preguntas sean demasiado complicadas como para obtener una respuesta certera. Pero creo que tener curiosidad, sumado a la imaginación de un niño pequeño, es una combinación bastante curiosa que da preguntas y respuestas muy inusuales.

Soy el tonto que hace preguntas del tipo '¿Los peces beben agua?' o '¿Sobre que se expande el espacio?'.

Y creo que esa es una de las razones por las que creo que estar en ciencias es la opción correcta. Soy una patata en química, en matemáticas, en física, y en todas esas cosas, pero para que mentir, me gustan más esas cosas que una hora de historia. Además de considerarlo más práctico para mi, al menos de forma inmediata. Me interesa más saber como funciona y ha funcionado el mundo que saber como ha funcionado o como funciona la sociedad. Vale que soy de los que dicen '¿Qué coño hago aquí?' o '¡Debería haberme ido a letras!' o '¡¡Maldigo aquel puñetero día que me metí en ciencias!!', pero creo que mi corazón y mi mente pertenecen al mundo, a los sistemas, a las cosas lógicas, al orden, al misterio y a las bases nitrogenadas. En conclusión, que en ciencias me dan por todos los lugares posibles, que lo estoy sufriendo, lo voy a sufrir, me va como el culo, pero estoy donde debería estar.

Un brindis por la curiosidad y por los curiosos. 

domingo, 7 de septiembre de 2014

YOLO.

Lo único que quiero al morir, es sentir que no me he dejado nada sin hacer y sin probar.
Por eso lo mejor que se puede hacer es aprovechar las oportunidades e intentar hacer todo lo que puedas.
Por eso, carpe diem.

¿Si no lo haces ahora, cuándo lo harás?